CARTA DIRIGIDA A LOS HERMANOS DE JOSÉ LUIS ALDEA, CANDIDATO A HERMANO MAYOR

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Hace ahora cinco años me dirigía a vosotros para presentaros el proyecto con el que un grupo de hermanos asumía la responsabilidad de ponerse al servicio de nuestra Hermandad. Lo hacíamos con la alegría propia de quien recibe una misión ilusionante y con plena conciencia de que el gobierno de una corporación como la nuestra constituye, ante todo, una obligación de servicio a Dios, a la Iglesia y a los hermanos.

Hoy, próximo ya a celebrarse el Cabildo General de Elecciones, comparezco nuevamente ante vosotros acompañado por un nuevo equipo, en el que siete de ellos aportan renovada ilusión, juventud y ganas de trabajar por nuestra hermandad. A todos los que continúan en esta nueva etapa les quiero expresar públicamente mi gratitud por su entrega, su lealtad y su permanente disposición al trabajo silencioso y constante que exige el día a día de una Hermandad. Del mismo modo, deseo reconocer a quienes, tras años de ejemplar servicio, concluyen esta etapa de dedicación activa, dejando una huella imborrable de compromiso y amor a nuestra corporación. Que el Cachorro os lo premie a todos.

La Providencia ha permitido que nuestra Hermandad viva algunos de los acontecimientos más relevantes de su historia reciente. Hemos tenido la inmensa gracia de participar en momentos que permanecerán para siempre en la memoria colectiva de nuestros hermanos y devotos. Nuestra participación en el Santo Entierro Grande, el Vía Crucis extraordinario del Cristo, la procesión extraordinaria de María Santísima del Patrocinio, la participación en la procesión Magna y, de manera singular, la histórica presencia del Santísimo Cristo de la Expiración en Roma, han supuesto hitos extraordinarios que han trascendido el ámbito de nuestra corporación para convertirse en testimonio público de fe y devoción.

La presencia de nuestro Amantísimo Titular en Roma quedará grabada para siempre en la historia de la Hermandad. Aquellos días fueron la expresión de una corporación unida, comprometida y consciente de la responsabilidad que asumía al representar no sólo a nuestra Hermandad, sino también a Triana, a Sevilla y a una forma de vivir la fe heredada de generaciones de hermanos que nos precedieron. La ejemplar respuesta de nuestros hermanos, la entrega y esfuerzo de quienes trabajaron durante meses para hacerlo posible y el comportamiento de todos cuantos participaron constituyen motivo de legítimo orgullo para nuestra historia como corporación.

Pero estos acontecimientos extraordinarios sólo adquieren pleno sentido cuando se contemplan desde la misión fundamental que tiene encomendada una Hermandad: anunciar a Cristo, fomentar la vida cristiana de sus hermanos y servir a quienes más lo necesitan. Esa convicción ha guiado nuestro trabajo durante estos años y debe seguir guiando nuestro futuro.

Por ello, seguiremos procurando fortalecer la vida cultual y sacramental de la Hermandad, impulsando la formación cristiana de nuestros hermanos y favoreciendo la participación activa de niños, jóvenes y adultos en la vida corporativa, trabajando para que nuestra Hermandad siga siendo una verdadera escuela de fe y una casa abierta donde cada hermano encuentre su lugar, independientemente de su edad o circunstancia.

Del mismo modo, continuaremos impulsando la acción caritativa, conscientes de que el ejercicio de la caridad no constituye una actividad más entre nuestras obligaciones, sino una expresión esencial de nuestra identidad cristiana. Gracias a la generosidad de nuestros hermanos y devotos, se pueden atender numerosas situaciones de necesidad, ofreciendo ayuda material, cercanía y esperanza a quienes atraviesan momentos difíciles.

Asimismo, seguiremos cuidando y enriqueciendo el patrimonio material y devocional que generaciones anteriores nos confiaron. Somos conscientes de que no somos propietarios de ese legado, sino custodios temporales llamados a transmitirlo fortalecido a quienes nos sucedan. Con esa misma responsabilidad debemos afrontar los retos del mañana, dotando a nuestra Hermandad de los medios y espacios necesarios para seguir creciendo sin perder nunca la fidelidad a sus raíces.

Durante estos años hemos fomentado y seguiremos trabajando igualmente en la convivencia y la participación de los hermanos, convencidos de que la Hermandad sólo alcanza su verdadera dimensión cuando es capaz de convertirse en una auténtica familia cristiana reunida en torno al Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima del Patrocinio.

Los acontecimientos vividos durante este mandato forman ya parte de la historia de nuestra Hermandad. Corresponde ahora seguir construyendo su futuro con la misma fidelidad a nuestras Reglas, con idéntico compromiso con la Iglesia y con la firme voluntad de que cada hermano encuentre en esta Casa un lugar de encuentro con Cristo. Roma, la Magna o la salida extraordinaria de nuestra Bendita Madre quedarán para siempre en nuestra memoria; pero la verdadera grandeza de una Hermandad se mide en la constancia diaria de sus cultos, en la formación de sus hermanos, en el ejercicio de la caridad y en su capacidad para evangelizar desde la sencillez y el servicio.

No me corresponde a mí juzgar la labor realizada durante estos años. Esa valoración pertenece a los hermanos. Sí me corresponde, en cambio, agradecer la confianza recibida, pedir perdón por los errores que hayamos podido cometer y reafirmar que cada decisión adoptada ha estado siempre guiada por el deseo sincero de procurar el mayor bien para nuestra corporación.

He procurado no olvidar nunca que los cargos en una Hermandad no constituyen un honor que engrandece a quien los desempeña, sino una responsabilidad que obliga a una entrega constante y generosa. Por ello, han sido para mí guía permanente aquellas palabras del Evangelio según San Lucas: «Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Siervos inútiles somos; hemos hecho lo que debíamos hacer» (Lc. 17,10).

Por ello comparezco nuevamente ante vosotros con la misma disposición con la que asumí esta responsabilidad hace cinco años: la de quien se sabe llamado a servir y no a ser servido. Con humildad, y consciente de mis limitaciones, solicito vuestro respaldo para continuar trabajando, junto a los hermanos que integran esta candidatura, al servicio de nuestra Hermandad, de la Iglesia y de cuantos encuentran en esta Casa un camino para acercarse a Dios.

Que el Santísimo Cristo de la Expiración nos conceda la gracia de permanecer siempre fieles a nuestra vocación cristiana y que María Santísima del Patrocinio nos ampare bajo su maternal protección. Que Triana siga encontrando en Ellos el camino seguro hacia Cristo y el consuelo permanente de la fe.

Rogándoos encarecidamente que acudáis a depositar vuestro voto el próximo día 30 de junio, recibid un fraternal abrazo en el Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima del Patrocinio.

José Luis Aldea Carbajo Hermano Mayor

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